PENTECOSTÉS 2016


ENVÍA TU ESPÍRITU



Estamos en el tiempo de la plenitud del Espíritu Santo. Él es nuestro gran defensor, es el que impulso a Jesús en la vida pública, y ese mismo espíritu guío a la Iglesia en sus primeros pasos, y es más, no podemos olvidar que es ese mismo impulso el que nos sostiene y nos ánima a permanecer en la Iglesia de Cristo.

Concluyen en Pentecostés los cincuenta días de la Pascua y lo conmemoramos junto con la efusión del Espíritu Santo sobre los discípulos en Jerusalén, los orígenes de la Iglesia y por lo tanto, la misión de la Iglesia, una misión a la que se incorpora toda la humanidad, y que somos todos copartícipes. Por nuestra condición de bautizados, y por la gracia recibida en el bautismo nos incorporamos a la misión.

La presencia del Espíritu tiene una triple finalidad: primero continuar en la Iglesia en el plan de la historia de la salvación para con toda la humanidad; segundo: para llevar a término la obra comenzada por Cristo después de la Ascensión del Señor y convertir de esta manera a los discípulos en mensajeros de paz y perdón; y tercero: para que el Espíritu Santo comunique sus dones a sus fieles a favor del bien común y de la Iglesia.

Los dones del Espíritu Santo son siete: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.

Que al igual que los discípulos en Pentecostés podamos llenarnos de la gracia para poder entendernos todos los hombres con el lenguaje universal del Evangelio que es la caridad y el amor.

Dejemos que el Espíritu actúe en nuestras vidas para llevar a término la misión encomendada a la Iglesia que es el anuncio del Evangelio, de la verdad que nos hace libres.


JAVIER ABAD CHISMOL

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